Parece que fue hace una eternidad cuando leí el borrador de esta nota en un papel amarillo de hospital, sentada en una incomoda silla negra, en un congestionado pasillo con olor a desinfectante, esperando por noticias de la dueña y autora de estas sentidas y vividas palabras. Su experiencia en nada cambio la percepción que nosotros sus compañeros de clase tenemos de ella, ha sido fuerte y sobresaliente en cualquier actividad que implique pensar, por algo fue una de las primeras en terminar la universidad con honores, en adquirir una generosa beca para ser profesionalmente mas avanzada y en hacerse verdaderamente adulta, no físicamente, pero si mentalmente, siendo una de las mas jóvenes de la promoción. Lugar en donde haya estado, persona que la conozca y ser humano que la haya escuchado sabe que deja cicatriz, marca y un poco de ella en cada zona, sitio o población. Posee la particularidad de un temperamento y un auto conocimiento que le permite aceptar las fatalidades de su personalidad sin sentirse mal por ser en esencia, ella. Calculo que la mitad de quienes la hemos tratado con verdadera cercanía, de manera honesta la aprecia en el sentido propio del sentimiento, acompañado de un indudable y profundo agradecimiento, por haber impulsado en cada uno un sueño, una idea o un simple animo de avance. Cuando uno conoce personas así cuestiona de manera injustificada los sucesos que viven, pues a pesar de no merecer una canonización , si merece al igual que muchos y por que no todos un futuro y un presente amable de la mano de alguien verdaderamente extraordinario.
Cuando me ubicaron en el trabajo después de varios intentos, comprendí la insistencia mi mejor amiga estaba muy cerca de la muerte, y necesitaban encontrar a alguien que les ayudara a localizar a quien irónicamente podía salvarlos, quien creería que quien los podía salvar era el mismo que los había enviado ahí -por eso el calificativo de ironía- a ese terrible lugar, con tan solo veinte semanas de gestación realizaba un trabajo contrario al natural, debía contener todas y cada de las contracciones, el cuerpo por una razón que aun no establecían los médicos, mostraba una anormal incompatibilidad de los fetos con madre gestante, por eso debía aparecer el padre de Salome y David. Cuando se le necesito con urgencia real no apareció; y cuando revivió de no se que historia de horror, lo hizo solo para reclamar el por que y para exigir pruebas, en fin, para el caballero no hay mas que apelativos negativos. Es inevitable no sentir orgullo al hablar de ella, hizo por sus hijos todo lo que una buena madre haría, lucho con todas sus fuerzas, batallo 17 horas por mantenerlos aquí en este mundo y junto a ella, con tal fuerza y amor lo hizo que su corazón se detuvo para lo que nosotros es una eternidad, para los médicos una señal. Esa madrugada fue trasladada a la UCI, y victoriosa como su nombre, salio de esas espantosas paredes, tres días después. Salio a la ligera, por que para el desencanto total, el caballero en cuestión logro comunicarse con ella y de nuevo por horas nos la arrebato, en medio de todo escribió lo que con nostalgia les comparto volviendo a ese lugar llena de vías y demás, esta nota estaba presa en su mano derecha, iba dirigida a mi con la intención de que la corrigiera para posteriormente publicarla; Victoria ha sido una bendición en el camino de todos y no haría nada en contra de su voluntad, por eso la columna de hoy es un homenaje a ella y a las 14.000 mujeres cabeza de hogar, que conocen de cerca la fortaleza de la soledad y aun con todo lo que esto acarrea, forman seres humanos increíbles, sin resentimiento, con capacidad para transformar vidas. Reconozco que me satisface que esta columna va hacer leída en Diemen, Holanda por su protagonista y por mis lectoras habituales aquí en Bogota, a todas les debo mucho, gracias.
Con certeza no se puede establecer cuanto tiempo transcurrió entre recibir la noticia y sentir la noticia. No hay en el mundo un equivalente lo suficientemente poderoso para describir la sensación de saber y sentir que vas a ser madre. Es la bendición mas grande que puede recibir una mujer. Es una alegría que se duplica en tu cuerpo, en este caso, se triplicaba, pues estaban dentro de mí, dos seres que ya me amaban tanto como yo a ellos.
Ame cada instante que estuvieron en mí cuerpo, movieron cada trozo de mi ser, se convirtieron en mi razón de ser. Para papá fue duro, y tal vez no podía aceptar que ya estaban aquí, pero sé que con el tiempo entenderá que tiene dos hermosos ángeles que lo cuidan y lo aman.
Ahora entiendo que no era el momento de ninguno, ni el suyo, ni el mio y tampoco el nuestro pues se necesitaba mas que una mamá guerrera para tenerlos a los dos aquí en la Tierra, son la doble bendición de una unión que no podía existir y aun así se dio, de una lucha incansable, de un dolor que mas allá de físico se traduce en la herida mas profunda del alma, Él los cuidara mejor, y desde allá nos podrán cuidar mejor. Me tomo días aceptar que ya no estaban en mí, y mas aun entender la voluntad de Dios. Pero suele darle a sus mejores guerreros las peores batallas. Concedanle a papá la capacidad de sentirlos, bajen cada vez que puedan a mimarlo para que logre superar su duda frente a ustedes, los esperaba tanto o mas que yo, los lastimo de mil maneras, incluso los condeno a un sentimiento que vivieron y los arrastro lejos de nosotros, pero no estaba preparado para recibirlos. Conozcanlo mejor y lo amaran como lo hice yo en su debido momento.
Fueron las mejores semanas de mi vida, aun sin ser consciente de que ya estaban en mi, algo me decía que no estaba tan sola, no solo fue el crecimiento silencioso del vientre, también fue ese palpito que choco contra el ombligo lo que me confirmo la noticia, era la curiosa felicidad que me inundaba en los días previos a conocer de su existencia, llegaron muy pronto a la vida de esta joven madre, aun así adoro saber que hacen parte de mi historia. Desde donde se encuentran pueden hacerse a una mejor idea de papá.